QUIEN SOY

Soy Jose Luis Voltas. Hace 57 años vine al mundo.

Me costó empezar en el mundo de los negocios.

En mis primeros diez u once años de vida no recuerdo haber hecho ningún negocio. Creo que ya con doce empecé. Siempre con amigos, a mi se me daba bién pensar y mandar.

Mis primeros durillos los gané (creo que tenia menos de doce años) recogiendo unas garrafas de cristal de una marca de agua mineral, eran unas garrafas retornables por las que nos daban en una tienda de comestibles del barrio seis pesetas (unos 4 cent. de     euro) creo que conseguimos unas 30 o 40 garrafas, las encontrábamos en solares casi abandonados. Cuando supimos que aquellas garrafas no estaban abandonadas cerré el negocio.

Ese verano monté con algunos niños y niñas del barrio puestecitos de venta de tebeos de segunda mano, lápices, juguetitos, una especie de mini-rastrillo. Eran quizá cinco o seis puestos. Yo era el que organizaba los sitios, el que ponía orden cuando habían discusiones y además era el tesorero. Ese verano no me faltó el dinero para las fiestas.

En el colegio se pusieron de moda los juegos de cromos, yo era mal jugador, pero conseguí que los jugadores buenos que tenían cientos de cromos me los cediesen para su venta a los chicos que cada día perdían. Yo me reservaba una parte del importe de la venta.

Generalmente eran operaciones de 2 o 3 pesetas y yo obtenía 1 peseta  de beneficio como intermediario.

Monté un club donde para ser admitido había que hacer una entregas de 3 pesetas en chucherías, luego las chucherías las consumíamos en un bosque de algarroberos que había a las afueras del pueblo.

A los 14 años y tras presentarme a unas oposiciones en secreto, empece a trabajar en la Caja de Ahorros Layetana (mis padres no me hubiesen dejado. Me faltaba un curso aún para acabar el bachillerato.)

Allí encontré un  buen trampolín para mis negocios. Primero empece a repartir el correo por   la mitad de lo que valía el sello. Después empecé a llevar las cuentas a empresas y tiendas que eran clientes de la Caja. Con 16 años llevaba la contabilidad a 4 clientes.

Pero eso era vender mi tiempo y eso no era lo que yo quería.

Llevaba la contabilidad de una librería y juguetería, repasando las facturas de los proveedores ví el precio de los vestidos para muñecas, en ese  caso eran para la Nancy. Todos los vestiditos valían más de 400 pesetas. Compré un vestidito, lo descosí,  hice plantillas de las piezas y las corté, mi madre me ayudó a coser a maquina las partes y tras ponerlas en bolsitas, las vendí en tres tiendas de juguetes del pueblo. No seguí porque daba mucho trabajo.

Seguía repartiendo  las cartas de la  Caja de Ahorros corría el año 1975 y por aquel entonces la mayoría de pisos y casas del barrio donde estaba la  Caja de  Ahorros no tenían buzones y me tocaba subir a cada piso a entregar la correspondencia. Mi   siguiente  negocio   fue  contactar  con   un  vendedor  de buzones,  me  compré  un  taladro  eléctrico  y   un  alargo  de corriente, coloque más de 500 buzones. El que me los vendía no salía de su asombro, yo era su mejor cliente.

Llegó el verano y termine con mi negocio de buzones. Fue un verano caluroso y con muchas moscas todo el mundo se quejaba de las molestas moscas, especialmente en las tiendas, bares, carnicerías, pescaderías, etc.

Mi  próximo  negocio  consistió   en  la  venta  de  unos  aparatos  insecticidas eléctricos. El hecho de ser el   “chico de la Caja” me abría las puertas de todos los sitios y yo sacaba provecho. Fui el mejor vendedor de esa empresa (yo era comisionista) a pesar de que figuraba en todos los sitios mi padre,  yo aún no había cumplido los 16 años.